Un jardín, ya ciertamente en dos dimensiones: un salto cualitativo. Más facilidad para elegir, para actuar. Con la libertad de poder elegir filas o columnas, cuántas flores y de dónde puedas y quieras. Pero quedando expuesto al saber hacer del otro. Y si pierdes la atención…

Tiene algún parecido con la familia del viejo NIM. Por eso le llaman “NIMBI”. (Le añadieron “BI”, sin duda, por las dos dimensiones).

Aquí se trata de figuras, de escenarios con no importa cuántas piezas –iguales- y en qué disposición. Con tal que se respete una norma: que estén dispuestas en dos direcciones perpendiculares. Aunque haya espacios vacíos entre medias. Aunque haya obstáculos.

Diciendo las cosas con poesía, pues que en un jardín de palacio estamos: parterres y macizos de flores, fuentes y estatuas…

 

Tomar piezas… Pero ¿cuántas?, ¿de un grupo, en qué dirección?

¿Y cuál podría ser el contraataque de mi adversario?; o cuáles.

Y, entonces, yo…

 

Como actividad manipulativa, sigue siendo simple. Aunque hay que orientarse muy bien.

Representación interior, verbalización, expresión simbólica… Se han complicado.

No queda más remedio que explorar continuamente el campo de batalla. (Mejor: escenario del juego, o “jardín”.)

Hasta obligar al contrincante a que tome –le pillen robándola- la última pieza –flor, flor-. (O te la quedes tú, si así lo habéis convenido.)

Y si no vences ahora, en esta partida, vencerás en la siguiente. Lo importante es no desfallecer.

Porque estrategia ganadora, la hay. Y, jugando, la encontrarás.


Con la firma de la casa: accesible de pleno para quien padezca una discapacidad visual:

“Juegos accesibles – 4 En el jardín”